Los pastores en el Incanato

El indio, el simple “ciudadano” del Imperio del Sol no era haragán. Cuando no cultivaba el suelo, no servía en el ejército o no aumentaba las riquezas de su país cumpliendo con la mita, criaba llamas para él y para el Estado. En materia de cría de llamas, los antiguos peruanos superaron a todas las restantes culturas de la América Precolombina. La llama “regalaba” al hombre su estiércol, valioso combustible en época de los Incas.

La llama servía sobre todo como animal de carga. Cada uno de estos animales puede transportar un cuarto de quintal de veinte a veintidós kilómetros por día. Es debido esto que por más que las llamas no proporcionaran leche a sus criadores ni pudieran emplearse como animales de tiro, eran de enorme importancia para las operaciones militares. El hombre, por lo menos en el Tahuantinsuyo, no cabalgaba sobre la llama. En cerámicas más antiguas de la cultura Mochica (en la costa peruana) se encuentran representados indios montados en llamas.

Como la patata, nativa peruana en el mundo vegetal, la llama se encuentra en todo el territorio del Perú. Soporta el calor de los desiertos de la costa y se siente igualmente bien, quizá mejor, en las gélidas alturas hasta más de cinco mil metros sobre el nivel del mar. Hace, por lo menos, siete mil años que la llama es domesticada en la región andina.

En el Imperio Inca estos animales eran mantenidos en rebaños en la proximidad de las edificaciones de la aldea y cada indio podía contener, y este era su único privilegio autentico, hasta diez llamas. Había llamas que pertenecían al Inca y al Imperio, llamas del Sol que correspondían a los sacerdotes y llamas del pueblo.

La carne era conservada mediante un procedimiento similar al utilizado para el secado de patatas. La carne de llama, salada y cortada en tiras, era una importante parte de la ración de los ejércitos imperiales en tiempos de guerra.

En la economía del Imperio desempeñaban un importante papel otros animales emparentados con la llama. En primer lugar figuraba la alpaca; este animal era criado exclusivamente por la calidad de su pelo, no por su carne ni como bestia de carga. Un antepasado de la llama, que se mantiene en estado salvaje y, que a su vez es fruto de alguna cruza, es el guanaco. Dada la velocidad que desarrolla este animal, su constituía una autentica diversión para los incas, quienes no los mataban sino que los esquilaban y luego los dejaban en libertad, sobre todo si se trataban de hembras o de machos bien formados. El más bello de los camélidos sudamericanos, la veloz vicuña, también vivía en estado salvaje. Con su pelo, llamado en el Tahuantinsuyo “cumpi”, se confeccionaban en el Imperio incaico finas telas, que llevaban el mismo nombre y solo eran usadas por el Inca y sus parientes mas inmediatos.

La cría de llamas y alpacas y la protección de los guanacos y vicuñas figuraban entre las tareas más importantes de los campesinos. Los pastores que habían cuidado durante largos años rebaños de llamas en los altiplanos andinos, eran dignos de respeto y consideración en todos los ayllus. A ellos les correspondía ocuparse de la multiplicación de estos animales

Los pastores en el Incanato
Los pastores en el Incanato
Los pastores en el Incanato
Los pastores en el Incanato